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Vicente Lara Dávila: un legado de esfuerzo y visión

  • Foto del escritor: CV  Noticias
    CV Noticias
  • 22 ene
  • 3 Min. de lectura


Hoy, al conmemorar un aniversario más del nacimiento de don Vicente Lara Dávila, resulta inevitable reflexionar sobre la vida de un hombre que dejó una huella profunda no solo en su familia, sino también en la comunidad que lo vio crecer y prosperar.


Don Vicente nació el 22 de enero de 1932 en Ojo Caliente, municipio de Santa María del Río, San Luis Potosí. Fue hijo de Jesús Lara Arriaga y Amalia Dávila, y junto a su esposa, doña María Cruz Compeán Echavarría, formó una familia integrada por siete hijos: Lilia del Carmen, Vicente, David, Araceli, Mario Alberto, Luz Selene y Agustín. A lo largo de su vida se distinguió como un hombre perseverante, empresario visionario y pilar fundamental de su hogar.


Durante su infancia estuvo bajo el cuidado de su abuela, quien le inculcó valores sólidos y aspiraciones elevadas, incluso con la esperanza de que siguiera el camino del sacerdocio. Sin embargo, Vicente descubrió desde joven que su verdadera vocación se encontraba en el comercio. A los 14 años se trasladó a Ciudad Valles para apoyar a su padre y dar sus primeros pasos en el ámbito empresarial, iniciando así una trayectoria marcada por el trabajo constante y la superación.


Más adelante, su espíritu emprendedor lo llevó a Chicago, Illinois, donde trabajó con dedicación. Gracias a ese esfuerzo, pudo regresar a su tierra y adquirir su primer camión. Junto a sus hermanos Francisco, Manolo, Javier y Jesús, formó una asociación de transporte conocida en la región como Los Halcones Negros, nombre inspirado en una popular historieta de la época. Con sus unidades trasladaban productos como piloncillo, Fibracel y aceites desde Tampico hasta Sinaloa, consolidando una sólida reputación comercial.


La historia de don Vicente continuó creciendo con la apertura de Casa Lara, su primera tienda ubicada frente a la parroquia principal, para posteriormente expandirse al mercado Gonzalo N. Santos. En ese espacio coincidieron con destacados comerciantes de la época como Adán Larraga, Miguel Jiménez, José Larraga, Manuel Sánchez, Juvencio Soria, Miguel Gómez, Herculano Ríos y Eufemia Bustos, contribuyendo de manera significativa al desarrollo económico local.


Su hijo David Lara ha recordado que don Vicente formó parte de la primera generación de la escuela Secundaria de las Huastecas, hoy Pedro Antonio Santos Rivera, donde forjó amistades que perduraron toda la vida. Entre sus compañeros se encontraban figuras reconocidas de la comunidad, como el licenciado Guadalupe Rojas, doña Clementina —propietaria de La Canasta— y el doctor Salim Chemas. Estas experiencias fortalecieron su carácter y su visión de vida.


Entre las anécdotas más memorables de su historia personal destaca el haber presenciado un concierto benéfico de Pedro Infante en el mercado, un recuerdo que refleja su cercanía con la cultura popular y su profundo arraigo comunitario.


Don Vicente Lara Dávila no solo fue comerciante; su legado empresarial incluye la fundación de la UNPASA, dedicada a la distribución de azúcar, así como la creación del Hotel del Valle en El Naranjo, el Hotel Riviera y Súper Lara en Ciudad Valles. Además, incursionó con éxito en la agricultura y la ganadería, demostrando su versatilidad y compromiso con el desarrollo regional.


Frases como “Para atrás ni para agarrar vuelo” y “Yo soy mucha medicina” sintetizan su filosofía de vida: determinación, fortaleza y optimismo, valores que siguen inspirando a quienes lo conocieron.

Hoy, al recordarlo en este aniversario, se honra el legado de don Vicente Lara Dávila, un hombre cuyo esfuerzo y visión continúan vivos en su familia y en cada espacio de la comunidad que ayudó a construir.

Fuente: David Lara Compeán y Prof. Crescencio Martínez Candelario, cronista municipal.

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